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LA RED COMO MEDIO DE ENSEÑANZA Y
APRENDIZAJE EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR
Octavio Henao Álvarez Ph.D. - Profesor Universidad de Antioquia
TABLA DE CONTENIDO
(13) LA EVALUACIÓN EN UN ENTORNO VIRTUAL
Los ambientes virtuales de aprendizaje en la educación superior
exigen nuevas alternativas de evaluación. Tradicionalmente en esta
instancia educativa la evaluación se ha centrado en el recuerdo de
información y en la aplicación de conocimientos en contextos
limitados, utilizando pruebas de papel y lápiz u otras tareas
académicas como el ensayo escrito. El interés creciente de los
académicos en lo que se ha denominado “evaluación alternativa”
refleja la insatisfacción con las formas tradicionales de
evaluación y el deseo de evaluar el logro de objetivos de nivel
superior que involucren una comprensión profunda y el uso activo de
conocimientos en contextos reales y complejos. A medida que los
ambientes virtuales ganan espacio en la educación superior crece la
preocupación por las formas de evaluación. Según Reeves (2000),
los ambientes virtuales de aprendizaje ofrecen un potencial enorme
para mejorar la calidad de la evaluación académica tanto en la
educación presencial como a distancia.
Algunas predicciones señalan que en Estados Unidos durante el
año 2002 cerca de 2.000.000 egresados del bachillerato estarán
involucrados en experiencias de aprendizaje virtual. Los docentes
universitarios necesitan entrenamiento especial y ayuda técnica
para desarrollar e implementar métodos de evaluación virtual como
las simulaciones de alta fidelidad o los portafolios electrónicos.
A medida que la enseñanza universitaria de tipo virtual se expande,
crece la percepción de la evaluación como un asunto crítico.
Algunas instituciones están tomando medidas radicales para asumir
estos retos de la evaluación. Por ejemplo, la Western Governors
University separa la distribución o entrega de materiales para los
cursos (que puede originarse en cualquiera de los muchos campus
pertenecientes a la organización localizados en 19 estados y
territorios) del proceso de evaluación, el cual maneja un Consejo
de Evaluación ubicado en la ciudad de Denver. Esta separación
entre los procesos de evaluación e instrucción tal como se hace en
la WGU representa una tendencia preocupante para quienes piensan que
la evaluación debe estar articulada al proceso de enseñanza y
manejada por los docentes (Reeves, 2000).
Bien sea separada o integrada, cualquier alternativa para mejorar
la evaluación en un ambiente virtual debe tratar de alcanzar
niveles óptimos de “alineación”, sostiene Reeves (2000). Esta
se evidencia cuando la articulación entre los objetivos de
aprendizaje, el contenido, el diseño instruccional (especialmente
las actividades que realizarán los estudiantes), la competencia del
instructor, las posibilidades tecnológicas, y la estrategia de
evaluación es lo más clara posible. Muchos de los problemas que
surgen cuando se introducen nuevas tecnologías en cursos
universitarios obedecen a esta falta de alineación. Por ejemplo,
para un curso determinado se diseña un sitio en la Red con un
programa fácilmente actualizable, acceso a recursos en-línea como
revistas electrónicas, bases de datos en tiempo real,
conversaciones a través de un chat y acceso a grupos de discusión.
El equipo de docentes que ha desarrollado el curso puede sufrir una
gran decepción al evidenciar que los estudiantes no han utilizado
los recursos tecnológicos disponibles en la forma esperada. Es
posible que los alumnos hayan percibido falta de “alineación”,
es decir no vieron una relación clara entre el uso de estos
recursos y las estrategias de evaluación y calificación del curso.
Por lo tanto canalizaron sus esfuerzos hacia otras actividades de
aprendizaje alineadas más claramente con la posibilidad de obtener
una buena nota, tales como leer los documentos o el libro del curso,
o estudiar las notas de clase. Usualmente los alumnos tratan de
estudiar con mayor atención aquellos aspectos del curso que
consideran más claramente alineados con la posibilidad de obtener
una buena nota; por esto suelen hacer ciertas preguntas, que a veces
molestan a los profesores, como “¿tenemos que saber esto?”, o
“¿va a incluir esto en el exámen?”. Sería recomendable
publicar las respuestas a estas inquietudes en un sitio de la Red,
haciendo explícita la “alineación” o relación entre los
procedimientos de evaluación y los objetivos, métodos y
estrategias del curso (Reeves, 2000).
La necesidad de mejorar la evaluación en los ambientes virtuales
de aprendizaje resulta también visible en la creciente demanda por
parte de la industria y el comercio para que sus empleados adquieran
habilidades intelectuales superiores, tales como capacidad de
solucionar problemas, o la capacidad de aprender en forma
permanente, al igual que otros conocimientos y destrezas más
específicas.
Por ejemplo, www.Unext.com es
una institución educativa virtual con ánimo de lucro, que tiene
varios premios Nobel entre su equipo docente, la colaboración de
prestigiosas instituciones como la Universidad de Columbia, la
Universidad de Stanford, la Universidad de Chicago y la Escuela de
Economía y Ciencias Políticas de Londres, y ha invertido más de
un millón de dólares para desarrollar algunos de los cursos que
ofrece. No obstante, su población objetivo no son los estudiantes
tradicionales de pregrado o postgrado, sino trabajadores del
conocimiento de grandes corporaciones como IBM. Estos clientes
esperan garantías de que, a cambio de la inversión que hacen en
este tipo de formación, sus trabajadores se desempeñen mejor en el
futuro. Obviamente, para asegurar tales resultados es crucial una
mejor evaluación.
Reeves (2000) sugiere tres formas de evaluación alternativa en
un ambiente virtual: 1) evaluación cognitiva, 2) evaluación por
desempeño, y 3) evaluación por carpetas.
La evaluación cognitiva se centra en habilidades intelectuales
de orden superior, actitudes y habilidades comunicativas, e implica
inevitablemente capacidades inferenciales. Una forma muy difundida
de evaluación cognitiva son los mapas conceptuales, una estrategia
que permite a los alumnos externalizar la relación que han
establecido entre conceptos y procesos de un dominio teórico, y
revelar la estructura de su conocimiento.
Aunque no es directamente observable, el conocimiento conceptual
profundo puede inferirse del desempeño de los estudiantes en un
rango amplio de evaluaciones cognitivas. Otros medios de evaluación
cognitiva como las simulaciones de solución de problemas pueden
integrarse en ambientes de aprendizaje basados en la Red. Sin
embargo, la evaluación cognitiva debe utilizarse con cautela porque
los alumnos pueden aprender a simular el conocimiento conceptual
repitiendo respuestas dadas previamente, en vez de generar
respuestas singulares a problemas nuevos. Los docentes pueden
auspiciar involuntariamente esta farsa sobre-enfatizando la
necesidad de obtener respuestas correctas, en vez de esforzarse en
detectar los procesos de pensamiento que los estudiantes utilizan
para llegar a las respuestas. La evaluación cognitiva se ubica en
la línea que separa los procedimientos de medición (exámenes)
tradicionales sobre conocimientos de bajo nivel y las escalas de
medición altamente inferenciales (Reeves, 2000).
La evaluación del desempeño es un método que exige a los
alumnos demostrar sus capacidades en forma directa creando algún
producto o involucrándose en alguna actividad. Este tipo de
evaluación se centra en la capacidad de aplicar conocimientos,
destrezas y juicios en contextos reales inusuales o desconocidos,
mientras que las pruebas o exámenes tradicionales miden
principalmente el conocimiento pasivo que puede ser revelado a
través de unos pocos estímulos artificiales. Los atributos claves
de la evaluación por desempeño son: 1) se centra en un aprendizaje
complejo, 2) implica pensamiento de orden superior y destreza en la
solución de problemas, 3) estimula un rango amplio de respuestas
activas, 4) comporta tareas exigentes cuyo desarrollo requiere
múltiples etapas, 5) exige al estudiante mucho tiempo y esfuerzo
(Reeves, 2000).
En el contexto tradicional de educación superior, la evaluación
es un evento claramente separado de las actividades que apoyan la
enseñanza. Por ejemplo, en un curso de química los estudiantes
presentan una evaluación parcial, usualmente un examen elaborado
con preguntas de selección múltiple, después de haber asistido a
cierto número de clases y laboratorios. Una ventaja importante de
los ambientes virtuales de aprendizaje es que permiten incorporar
discretamente las actividades de evaluación en la estructura del
programa, por ejemplo, a través de simulaciones multimediales
interactivas.
Una simulación, por ejemplo de procesos evolutivos, puede
involucrar a los estudiantes en una serie de problemas cada vez más
complejos, proporcionándoles, además, guías detalladas y
retroalimentación. El computador puede rastrear los progresos en el
desempeño del alumno frente a diversas tareas o problemas, y
proporcionar al docente información sobre su rendimiento, al tiempo
que utiliza estos mismos datos para ofrecer apoyo didáctico
adicional o remedial (Reeves, 2000).
La tercera alternativa para mejorar la evaluación en los
ambientes virtuales de aprendizaje es la “evaluación por
carpetas”, un método consistente en almacenar el trabajo del
estudiante a lo largo de cierto tiempo, de tal manera que pueda ser
revisado con relación al proceso y al producto. Las carpetas han
sido ampliamente aceptadas como método de evaluación en los campos
del arte, la arquitectura y la ingeniería. Mientras que la
evaluación del desempeño usualmente se ha enfocado en soluciones y
productos terminados, las carpetas permiten a los docentes juzgar
los avances parciales y productos provisionales que han hecho parte
del desarrollo de una tarea o curso de estudio. Actualmente se
pueden encontrar en Internet diversos sitios que ofrecen recursos
para apoyar el desarrollo y mantenimiento de carpetas digitales ( www.folioone.com
).
La mayoría de los cursos universitarios siguen dominados por la
exposición oral del profesor, los textos, los exámenes y muchos
docentes realizan su labor bajo el supuesto de que pueden transmitir
conocimientos a unos estudiantes relativamente pasivos, y evaluar
sus logros con mediciones tradicionales. La evaluación tradicional
es incapaz de revelar la complejidad de los resultados de los
ambientes virtuales de aprendizaje centrados en el alumno, que son
radicalmente diferentes a un modelo didáctico centrado en el
docente. Evaluar resultados de orden superior, desempeños y
carpetas en ambientes interactivos de aprendizaje es un desafío
grande que debe asumirse con cuidado. La importancia creciente de
los diseños alternativos de instrucción, los logros cognoscitivos
de orden superior, y el uso de nuevas tecnologías en la educación
universitaria conlleva la necesidad de desarrollar métodos
alternativos de evaluación (Reeves, 2000).
En un entorno virtual, el aprendizaje de los alumnos puede ser
monitoreado a través de pruebas o exámenes interactivos. Los
docentes pueden devolver los resultados por correo, o colocar las
notas en la página del curso. La retroalimentación inmediata a los
resultados de los exámenes puede ser programada en los sitios de la
Red para reforzar el aprendizaje de los estudiantes, y corregir
rápidamente sus errores.
Los instructores suelen preguntarse cómo pueden estar seguros de
que el estudiante que responde una prueba a través de la Red es el
mismo que se registró en el curso, y si lo está respondiendo sin
ayuda de otros. Como no es fácil lograr esta certeza, los docentes
deben ser recursivos, por ejemplo, utilizando secuencias de pruebas
que se vayan complementando entre sí a lo largo del semestre
(Berge, Collins, y Dougherty, 2000).
Palloff y Pratt (2001) sostienen que la evaluación en un
ambiente de aprendizaje virtual es parte del proceso, está
incrustada en las actividades didácticas, en las interacciones de
los alumnos y el docente, en las acciones que comparten los mismos
alumnos. En un ambiente académico de colaboración y reflexión, la
evaluación del desempeño y del progreso de los estudiantes no es
una responsabilidad sólo del docente. Los alumnos comentan el
trabajo de los otros, se retroalimentan las tareas, y se
autoevalúan. Al final del curso envían por correo una evaluación
descriptiva del desempeño de sus compañeros y del propio. El
docente utiliza esta información, junto con sus evaluaciones
cuantitativas y cualitativas del desempeño de los alumnos en las
tareas y discusiones, para decidir un concepto evaluativo final.
Según estos mismos autores, los exámenes no son la mejor
herramienta para medir el desempeño académico en un entorno
virtual. Por lo general este tipo de pruebas no evalúan ciertas
dimensiones del aprendizaje como la capacidad de análisis, el
pensamiento crítico, el conocimiento contextualizado, o aplicado en
situaciones nuevas. Además, la práctica de los exámenes suscita
inquietudes sobre posibles trampas. En un ambiente de aprendizaje
colaborativo este tipo de preocupaciones son irrelevantes, pues los
alumnos aprenden entre ellos, y conjuntamente construyen niveles
más altos y significativos de conocimiento.
La evaluación no debe ocuparse sólo del desempeño y logros de
los alumnos. Un componente importante del proceso de
enseñanza-aprendizaje virtual es la evaluación continua del curso.
Los docentes deben ofrecer medios a los alumnos para que expresen
sus opiniones sobre los objetivos, los contenidos, los
procedimientos, y los resultados del curso. Esta evaluación no es
una medida de la aceptación del docente al finalizar el curso; es
parte de la dinámica del proceso.
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